
Tras tres años de divorcio y muchos deseos, con encantadoras mujeres, hoy me decido a declarar que intento amar a una mujer.
Una mujer a quien deseé hace 31 años, mientras bailábamos en una disco de pueblo."Qué alta eres", le decía este aún inmaduro varón,-a pesar de tener ya 49 años-.
Y ella sonreía. Es encantandora. Me ha contado que aún no se ha enamorado del hombre apropiado y yo le lanzado los tejos más allá de lo que cualquier otro hombre no conservador le hubiese dicho hoy.
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